¿Qué pensarías si te dijera que todos tus movimientos
están calculados, que todas tus acciones están premeditadas, que todo está
regulado para que tú actúes de cierta forma y que inevitablemente, por más de
que no quieras, lo haces? ¿Qué pensarías si te dijera que no eres más que un
sujeto controlado y subyugado por los intereses del mercado?
El concepto de liquidez planteado por Bauman ha sido
en mi opinión el más acertado para describir la sociedad moderna en la que vivimos.
El mundo es líquido porque es presentista, el aquí y el ahora es la enfermedad
de nuestro tiempo. La idea de progreso y de futuro ha sido erradicada, vivimos
en el hoy, el mañana no existe. La cultura se ha vuelto ahorista y acelerada.
El tiempo es puntillista, está determinado por la felicidad y la búsqueda del
placer. La inmediatez es la característica más importante de nuestra modernidad
líquida. El yugo hedonista nos controla.
Nuestra realidad, es una realidad obsoleta, está
construida de pequeños instantes de felicidad que luego son rechazados. La
premisa de nuestro tiempo es: desechar para gozar de lo nuevo. El mercado nos
proporciona en todo momento de necesidades nuevas, productos nuevos. Debemos
adquirir y consumir los nuevos productos porque los viejos ya no satisfacen
nuestros deseos, debemos rechazar lo antiguo y gozar de lo nuevo. Nuestro
futuro está donde el próximo producto que lance el mercado esté. Es increíble pensar
que así estemos en el 2014 ya haya salido el Fifa 15 al mercado y es aún más
impresionante saber de casos en donde las personas compraron el Fifa 14 y
debido a que al mes salió al mercado el Fifa 15, lo desecharon y fueron volando
a comprar el nuevo. “Mamá es que en el Fifa 15 ya está James jugando con el
Real” decían los niños, y los padres, también subyugados por la sociedad
consumista, involucrados en la lucha de permanecer en el estatus más alto,
abrieron sin dolor sus billeteras y les compraron a sus bebes el nuevo juego.
“¿Sabe
cuántos años tiene esta cobija, mijo?”, nos preguntan todo el tiempo nuestras
abuelas. La respuesta normalmente sobre pasa los 40 años. Nosotros los de la
generación inmediata jamás le podremos decir a nuestros nietos: “¿Sabe cuántos
años tiene este celular, mijo?”. Es simplemente imposible.
Los
productos creados en la modernidad sólida, de nuestros abuelos, eran pensados
para durar toda una vida. La idea rectora de la modernidad sólida era el
progreso y el futuro. Hoy eso ya no existe. El mercado, rey de nuestra
realidad, ha dominado el mundo entero. Nos ha dominado a todos, sin excepción,
ha regulado nuestras actitudes y sabe todos nuestros próximos movimientos. Ha
sometido a su juicio todas nuestras actividades y nosotros, que juramos ser
libres y los soberanos de nuestra propia vida, hemos perdido inevitablemente el
control de nuestra existencia.
¿Pero
cómo logra esto el mercado?
Fácil,
la cultura consumista está construida sobre dos pilares que la sostienen, el
concepto de obsolescencia programada y el concepto de obsolescencia percibida.
La obsolescencia programada se da cuando el objeto de consumo está creado para
durar una cantidad de tiempo específica. Es decir, se construye para que deje
de funcionar después de cierto tiempo. Por ejemplo, a muchos nos ha pasado que
después de un tiempo la impresora deja de imprimir, aparece una advertencia que
nos hace creer que el equipo no funciona más, pero esto es una vil mentira, las
partes del equipo en sí, funcionan perfectamente, pero la tarjeta de la
impresora solamente fue programada para funcionar cierta cantidad de tiempo y
por esta razón ya no sirve. Otro ejemplo es el de la empresa fabricante de
medias veladas DuPont, que en 1940 creó unas medias que no se rompían, hechas
en nylon; sin embargo, para nuestra sorpresa fueron retiradas del mercado porque
las mujeres compraban un par y ya, pues les duraba toda la vida.
Por
otro lado, la obsolescencia percibida se da cuanto el sujeto percibe que el
producto ya no satisface sus necesidades (principalmente de deseo) y por lo
tanto lo desecha. Este es el caso del Fifa 15 o el del Iphone 6, cuando un producto
sale al mercado, y es una versión mejorada del que tenemos, sentimos le urgente
necesidad de adquirirlo. No podemos quedarnos atrás, si no lo compramos seremos
expulsados de toda la masa que sí lo tiene.
El
éxito de la cultura consumista está en la perpetuidad del deseo insatisfecho.
Vivimos inevitablemente en la economía del engaño. Aquel mundo, en el que
creemos ser totalmente libres, nos ha sometido, somos esclavos del mercado.
Según
la RAE (2014), la Grafología es el “arte que pretende averiguar, por las
particularidades de la letra, cualidades psicológicas de quien la escribe”. A
menudo olvidamos que lo que nos define como personas son nuestras acciones, la
escritura es una herramienta que puede revelar quién es alguien en realidad.
La
grafología estudia los rasgos de la escritura y basada en el tamaño de la
letra, el formato de la letra, la dirección, la distribución del papel, etc. es
capaz de desvelar el estado emocional de alguien y su mundo sicológico
interior; su forma de ser y pensar; su forma de actuar y su personalidad. La
escritura manifiesta los estados de nuestra mente. No es el hombre quien
escribe, sino su mente la que escribe, el momento emocional que atravesamos
mientras escribimos algo queda inevitablemente plasmado en el papel. La
escritura es un mapa, un índice, que nos guía a través de la personalidad de
alguien.
El
tamaño de la letra indica el nivel de comunicación que se tiene con las demás
personas. Si la letra es grande, la persona es extrovertida. En cambio, si la
letra es pequeña la persona tiende a ser introvertida, retraída y poco
comunicativa.
De
la misma manera, las zonas de las letras tienen un significado muy específico.
Si
la letra ocupa bastante espacio de la zona superior, la persona es espiritual,
se ilusiona fácilmente y tiene pensamientos elevados. Si la letra ocupa, en su
mayoría, la zona central, la persona tiene buenas habilidades motoras y es
emotiva. Si las letras tienden a la zona inferior, la persona es hedonista y se
deja llevar por las pasiones, la sexualidad y lo terrenal.
Igualmente,
la inclinación de la letra es un factor muy importante a considerar cuando se
estudian los grafismos de la escritura. Si la letra es vertical, significa
equilibrio y razonamiento. Si la letra está inclinada hacia la derecha, la
persona es atenta con los demás, es entusiasta, afectiva y emotiva. Sin
embargo, si la letra está muy inclinada a la derecha, la persona es
desequilibrada. Por otro lado, las letras muy inclinadas a la izquierda son
indicio de introversión y de una existencia complicada.
Otro
aspecto que ayuda a revelar los pensamientos secretos de una persona es la
dirección de las líneas de escritura. Si
la dirección de las líneas de escritura es ascendente, es decir tiende a la
esquina superior derecha, la persona es optimista y segura. Si la escritura es
totalmente horizontal, la persona es equilibrada, mide todo lo que hace, es
realista, objetiva, controlada y práctica. Cuando la escritura es descendente,
es decir tiende a la esquina inferior derecha, la persona es decaída,
desanimada, depresiva, pesimista y tiene una actitud crítica ante la vida.
Si
la dirección de las líneas es ondulada, la persona es todo a la vez y
generalmente no se sabe cuál es su estado anímico.
Si la escritura es convexa,
la persona pasó del positivismo al pesimismo en el momento de escribir. En cambio,
si la escritura es cóncava, la persona paso del pesimismo al positivismo.
Asimismo,
la distribución de las letras sobre el papel dice mucho de una persona.
En
la figura 1. donde, a medida que se va escribiendo, la persona tiende a dejar
cada vez un margen más ancho al lado izquierdo, esto significa que la persona
es despilfarradora. En la figura 2. observamos que quién escribe no deja margen
alguno, esto es signo de tacañería. La figura 3. revela una persona ordenada y
equilibrada; mientras la figura 4, en donde quien escribe no deja margen
superior alguna, revela intolerancia. La figura 5, en donde ocurre lo opuesto a
la figura 1, revela una persona restringida. Por último la figura 6. es signo
de una persona desordenada.
Finalmente,
la posición de la firma respecto al texto indica el grado de individualismo de
una persona con respecto a la sociedad en la que se desenvuelve.
El
cuadro 1, en el que la firma está ubicada a la derecha organizadamente, revela una
persona normal, equilibrada, controlada, integrada en la sociedad, sociable,
creativa y positiva. Contrario a esto, el cuadro 2, donde la firma está situada
en la mitad, refleja una persona hiperactiva y que desea llamar la atención
todo el tiempo. El cuadro 3, en el que la firma está ubicada a la izquierda,
revela una persona dependiente, prevenida y acomplejada. El cuadro 4 es reflejo
de una persona cautelosa, miedosa y egoísta, y el cuadro 5 revela una persona
excluida y alienada. El último cuadro, donde la firma casi se sale de la hoja,
revela una persona impuntual y precipitada.
Con
el surgimiento del Internet el mundo dio un giro de 180 grados, un vuelco
absoluto. De repente la realidad fue ilimitada y el mundo que los hombres
conocían se dividió en dos; existía un mundo palpable de los sentidos y un
mundo nuevo, tácito pero intocable, ajeno al tacto. Surgieron nuevas preguntas e
interrogantes: ¿En dónde está la información que se proyecta en las pantallas?
¿En dónde se halla ese mundo de códigos y binomios? Cada vez que pienso en
estas preguntas la respuesta siempre es la misma; imagino un espacio lleno de
galaxias hechas de números, ecuaciones y algoritmos. ¿Dónde está esa masa impalpable?
No lo sé, la respuesta siempre será la misma. Jamás habrá una respuesta satisfactoria
para poder entender cómo funciona ese mundo virtual, irreal. Internet se ha
convertido en una religión, se necesita fe para comprender su existencia; y
como toda religión ha de tener un dios. ¿Quién es el rey de reyes, el mesías
salvador? ¿En quién creemos ciegamente?
EN GOOGLE.
Pertenezco
a la generación Googlera, la generación que todo lo mira en Google, la que cree
todo lo que dice Google. He vivido toda mi vida entre dos mundos: el palpable
que veo pero no comprendo y el virtual, al que acudo para comprender el otro
mundo que no entiendo. Soy de la generación de redes, que cree que la vida
virtual es más fácil que la real. Creo firmemente que el mundo virtual es la
versión hedonista del mundo palpable. Y, en últimas, no conozco otra forma de
vivir, porque así he vivido mi vida siempre.
Pero
¿cómo funciona Google? ¿quién es realmente ese dios mandamás? El canal de
National Geographic se encargó de hacer un documental llamado Googleando a
Google, en donde exponen los más íntimos secretos de esa empresa que, en mi
opinión, todo lo controla y todo lo ve. El documental revela los grandes
interrogantes del funcionamiento de Google, esa voz omnipotente, ese soberano emperador
del cual todos somos súbditos sumisos.
El
dios Google nació en 1998 con una misión muy clara: organizar toda la información
del mundo y hacerla accesiblede forma
universal y útil. Pero hoy es más que eso, según el documental, Google es una
aspiradora global de datos digitales. Y no solo estamos hablando de datos
digitales acerca de la información y el conocimiento del mundo, estamos hablando
de datos digitales sobre nosotros mismos. Créanlo o no, cada uno de los usuarios
de Google tiene una versión computarizada de su ser, de su personalidad y de
sus más íntimos secretos. Este fenómeno se llama huella digital (Digital
Footprint) y es, básicamente, los datos digitales que guarda el sistema
relacionados con todas nuestras búsquedas.Chris Hoofnagle, profesor de derecho de la
Universidad de Berkeley, establece:
Una
de las cosas más interesantes acerca de Google es que, en realidad, se trata de
una base de datos de intenciones. Es una increíble recopilación de lo que la persona
piensa, en determinado momento, basada en lo que el individuo está buscando, en
lo que la gente escribe en sus mensajes electrónicos. Cualquier institución que
tenga acceso a esa información tendrá
poder sobre ese individuoy
podría afectarlo de forma adversa”.
La
afirmación de Hoofnagle es terroríficamente acertada. Google es el ojo que todo
lo ve. La pesadilla Orwelliana se ha vuelto realidad. El gran hermano sí te está observando (Big Brother is definitely
watching you). Google Earth ha invadido la privacidad
del mundo entero. El filósofo polaco Zygmunt Bauman escribió un libro llamado “Vigilancia
líquida”, en donde expone sus consideraciones acerca del concepto de vigilancia
en la nueva modernidad líquida. Bauman afirma que incluso los espacios más abiertos
de la realidad están constantemente vigilados, no hay un lugar del mundo en
donde el hombre se pueda refugiar del acoso del ojo supremo, no existe un lugar
donde ejercer la intimidad. La desaparición de las fronteras entre lo público y
lo privado es, en definitiva, la consecuencia última de nuestra época. Google
Earth es la prueba fehaciente de ello.
El
hombre ha quedado en la completa desnudez. Lo siento, querido lector, Google
sabe TODO de ti. Basado en tus búsquedas, Google proporciona avisos simples
publicitarios, que están definitivamente influenciados por todas tus necesidades.
Tu actividad en Google ha dejado de ser una simple búsqueda y se ha convertido
en una búsqueda destinada al otro Dios de nuestro tiempo; el consumismo. La
publicidad en Gmail, establece el documental, está basada en los correos que se
escriben o que se reciben. Si, por ejemplo, alguien envía o recibe un mail
acerca de vacaciones en la playa, inmediatamente comenzará a recibir
publicidades sobre productos para la playa.
El
asesor de Google Terry Winograd plantea varias cuestiones muy interesantes: “Las
personas se preguntarán: ¿Qué pasará con la información personal? Ya no la
controlo, estará a disposición en alguna parte, tendré que confiar en quien la
tenga para que no haga cosas indebidas con ella”. El planteamiento de Winograd abre
las puertas a un tema muy importante; en definitiva, el futuro de Google está
totalmente soportado por la confianza que tengan sus usuarios en él, depende de
la confianza que tengamos a la hora de escribir todos nuestros datos y, en
últimas, regalar toda nuestra información. Google es gratis; sin embargo,
pagamos con nuestra información, nuestros intereses, nuestra intimidad, nuestra
vida.
Que
miedo pensar que yacemos desnudos en este mundo, que no somos poseedores de
nuestros secretos.
Hoy
quiero esconderme, pero no puedo, no tengo donde…
Quizás solo un bombardeo podría describir esta magnífica historia. Gabriella Infinita es una hipernovela escrita por Jaime Alejandro Rodríguez, tal como la trama de la historia su estructura narrativa representa un caos. Una maraña de sentimientos, sensaciones, percepciones e ilusiones extrañas que atrapan al lector y que lo guían a través de una Bogotá hecha trizas y más apocalíptica que nunca. Gabriella es Infinita porque precisamente su historia no termina, una mujer embarazada que en medio del ambiente bélico que se vive en la ciudad sale a buscar a su eterno amor: Federico, un personaje que si bien es constante es tan disperso como el viento. Federico es un susurro, un sujeto implícito dentro de una historia que parece un rizoma.
La historia sigue una multisecuencia, un click lleva a otro y a otro y a otro. El lector tiene la impresión de que al igual que Gabriella la historia jamás va a terminar. Esto produce un sentimiento de desesperación en algunos momentos porque no hay nada mejor para el lector que saber que se está aproximando a saber cuál es el final de la historia. Incluso el mismo Federico, lo escribe, en Federico y la gramática: “Desde entonces, Federico pudo comprender el escepticismo de los puntos suspensivos…” De cierta manera, la historia no concluye con un punto final, es realmente impresionante la característica eterna de esta historia, pues el autor no se limita a su increíble imaginación de vertientes, sino que al mismo tiempo considera a sus lectores y les entrega la posibilidad de continuar con la historia o escribir una por sí mismos. No hay un título más perfecto para esta historia, la multiplicidad de diferentes Gabriellas, de diferentes autores, de diferentes mentes e imaginaciones, hacen de esta historia un lugar perfecto para soñar con el futuro de esta ciudad tan vuelta nada.
El formato digital de la hipernovela hace que la historia se enriquezca y pueda tener más variaciones. Las imágenes son la guía del lector a través de la lectura y el audio entrega esa percepción de realidad a la historia. En revelaciones, hacia el final de la historia, el lector incluso puede escuchar las voces de los personajes y la música que escuchaban, de esta manera, es mucho más fácil entender a los personajes y descifrar un poco más de su misteriosa personalidad y el porqué de sus acciones.
Una de las cosas que más me gustó fue que a pesar del caos presente a lo largo de toda la historia, la hipernovela, tiene un mapa de navegación que facilita su uso y el entendimiento de la trama y las mil y un subtramas. Tengo que aceptar que el final no me gustó, pero los invito a darme su percepción sobre toda la hipernovela, porque realmente es un recorrido fascinante a través de mares agitados. Por último, mis más sinceras felicitaciones al escritor, la historia lo tiene todo, desde fantasía hasta la más cruda realidad, desde laberintos borgianos, hasta la increíble percepción de la rayuela de Cortazar, e incluso la fascinante apropiación del “Amuleto” de Bolaño.
El plagio es un problema que se vive diariamente en el ámbito académico. El estudiante que comete fraude supone que este lo va a ayudar, pero lo único que de verdad hace es perjudicarlo. Estudios demuestran que el plagio, le proporciona una seguridad falsa al individuo que decide utilizarlo. Pero una vez que haya funcionado el plagio, y al tener un supuesto buen resultado a causa de este, se convierte una adicción tan mala y dañina como las drogas. Lo cierto es que el plagio es un delito, pero más allá de ser un delito es una acción que trae consecuencias imprevistas o lo que yo llamaría daños colaterales. El fraude crea problemas de autoestima, y más específicamente de inseguridad.
El concepto de inseguridad se define como una emoción negativa, con sentimientos de inferioridad, y duda de sí mismo. El fraude estudiantil, es un conflicto, pero no solo porque el resultado que obtiene el alumno es una nota que no se merece, sino más bien, y aún más preocupante, es la inseguridad que adquiere el alumno, en sí mismo, en su conocimiento, en su sabiduría. Una pequeña o mínima copia, que no fue descubierta, lleva a otra, y a otra y su gravedad cada vez es peor; esto se debe a que la satisfacción que siente el alumno por no haber hecho nada y haber sacado buena nota supera su cargo moral y ético. Lo que no sabe el estudiante es que va encaminado hacia la inevitable inseguridad, hay una falta severa de confianza en el estudiante que se incrementa casa vez que comete plagio. El problema realmente se vuelve una tragedia cuando el alumno depende de hacer fraude; porque no puede escribir una sola palabra sin preguntarse si lo que está haciendo está bien o mal o sin pensar que robarse las ideas de los demás le ahorra tiempo y al final tiene un resultado beneficioso. La inseguridad se convierte en un conflicto interno, un problema de autoestima, porque el alumno no confía en su conocimiento, en lo que aprendió, y en lo que estudió.
Si bien el plagio debe ser sancionado, esto no es suficiente para que el alumno entienda la gravedad de su falta. Una solución que debería complementarse obligatoriamente a las sanciones es establecer un dialogo entre maestro y estudiante, en el cual se expliquen los daños colaterales del plagio, pues me he dado cuenta que la mayoría de los estudiantes, creen que hacer fraude es malo solo por el hecho de que el resultado que obtendrán no es el que se merecen, sino el que quieren tener. Pero en la realidad no se dan cuenta que este problema, les causa inseguridad, y después va a afectarlos diariamente, pues jamás van a confiar en lo que son capaces de dar y hacer. Otra posible solución a este inevitable problema es que el maestro debe crear con sus estudiantes la confianza necesaria, es
decir, escuchar atentamente sus dudas, preguntas, respuestas y afirmaciones, para que así se sientan respaldados a la hora de escribir sus respuestas.
Finalmente, quiero establecer que el plagio no es un problema bien tratado, que no se ha sabido como enfrentar, y cuyos efectos no son tomados con la seriedad, con la que se deberían tomar, pues el plagio no es una ayuda, es un problema que lleva a un conflicto interno y que si no se toma con la seriedad necesaria va a perjudicar la confianza, el autoestima y la vida. El plagio no es más que un camino hacia la inseguridad.
La evolución del hombre se encuentra necesariamente ligada a la evolución de las tecnologías. Desde la prehistoria hasta la actualidad, la labor del hombre siempre ha sido crear nuevas herramientas que faciliten su supervivencia. Pensar en el futuro es la tarea que hicieron y hacemos todos los seres que hemos pisado la tierra. Pero en los últimos dos siglos algo ha cambiado. La tecnología tuvo un hiper-desarrollo, al igual que todas las revoluciones el mundo, la realidad, adquirió una nueva forma. Se creó una nueva perspectiva, una nueva mirada, la forma de comprender el mundo tuvo un giro de 180 grados. De repente, todo fue posible, la mente se despojó de sus limitaciones y soñó, y vivió, en grande. El más descabellado pensamiento hacía parte de las posibilidades, el futuro dejó de ser tan lejano, y el mañana era incierto, la realidad no podía concebirse en su totalidad, pues no existía la certeza de que al despertar el día siguiente el mundo seguiría igual. Tal vez al día siguiente, el hombre pisaría por primera vez la luna...
Así, fue como el mundo se hizo ilimitado, las tecnologías hicieron posible, lo imposible y pronto serían nombradas las nuevas dominadoras del mundo. Paulatinamente, nos fuimos convirtiendo en los súbditos de las diosas máquinas que día tras día nos permitían y nos prometían soñar sin limites.
El tiempo transcurrió, y así como Dios hizo el hombre a su imagen y semejanza, el hombre hizo a la máquina a su imagen y semejanza. Las computadoras se adueñaron del mercado en un abrir y cerrar de ojos y cuando menos lo pensamos adquirieron características humanas, pensaban, se movían, hablaban. Las máquinas simplemente nos superaron, todo lo que la mente y las capacidades físicas no permitiera, la computadora podía hacerlo. Pronto nos dimos cuenta que habíamos sido remplazados. Se forjó una nueva monarquía, existían computadoras reinas, y existían máquinas que seguían las órdenes de la "realeza".
Por lo tanto nos aferramos a nuestra única certeza: los sentimientos. Las emociones se convirtieron en el polo a tierra y el pensamiento de que las máquinas pudieran sentir se convirtió en el terror que mortificaba a toda la humanidad. Aun así, como buenos súbditos seguimos fabricándolas, y encontrándoles nuevos propósitos y a medida que los avances se hicieron más notorios, el miedo continuaba acrecentándose. Las películas abandonaron el miedo a los extraterrestres e instantáneamente la cartelera cinematográfica se inundó de películas en donde las máquinas dominaban al hombre y procuraban su extinción.
Hoy sabemos que las máquinas no pueden sentir, pero detengamonos un instante y planteemonos la pregunta: ¿Y si las máquinas sintieran?
Realmente, la inspiración de este blog surgió del comentario de un usuario en una página web llamada Vida extra (www.vidaextra.com). La página cuyo enfoque está centrado en la tecnología y los video juegos planteaba la misma pregunta a sus usuarios: ¿Qué pasaría si las máquinas tuvieran sentimientos? El usuario respondió:
El comentario me dejó pensando. Si las máquinas sintieran, seríamos asesinos seriales de estas. La tecnología, sea la que sea, está destinada a la obsolecencia cuando un nueva máquina llega al mercado. Las primeras computadoras o bien están exhibidas en un museo, o bien están destruidas e incluso desvaratadas. Ya no tenemos memoria de cómo era el primer ipod, y estoy casi segura de que lo desechamos. Si las máquinas sintieran, existirían dos opciones, o nos dedicamos a asesinarlas, o nos enfrascamos en un atasque tecnológico del cual no podrías avanzar nunca. Por supuesto no estamos dispuestos a dejar de producir nueva y mejorada tecnología y por lo tanto asesinaríamos a las máquinas. La tan temida Tercera Guerra Mundial sucedería, el hombre contra la máquina. Y si me pongo a pensarlo bien, realmente creo que perderíamos, si toda la tecnología está en contra nuestro, no tendríamos más opción que volver a las primeras formas de guerra, y una espada jamás vencerá una bomba atómica.
Pero bueno... ¡GRACIAS AL CIELO Y A LA TIERRA LAS MÁQUINAS NO SIENTEN!
Nos levantamos, nos bañamos, nos
vestimos, y salimos a trabajar o estudiar, interactuamos con la gente,
regresamos a la casa y dormimos. Esa es más o menos nuestra rutina
diaria. Pero detrás de cada una de las acciones que realizamos durante
el día se esconden una cantidad inmensa de secretos y misterios de los
que no somos conscientes pero que constituyen gran parte de lo que
somos. Hoy resaltaré lo que he llamado los 5 secretos de la vida,
estudiados por el antropólogo británico y biólogo evolucionista, Robin
Dunbar.
"Las grandes ciudades surgieron en el último siglo, pero nuestra vida social es la misma que hace cien mil años.” Robin Dunbar
El
primer secreto de la vida va en contra de toda la vida social virtual
que llevamos en la actualidad. Nuestras cuentas de Twitter, Facebook,
Instagram, etc, rebasan de amigos y seguidores y nuestro estatus dentro
de la sociedad se define por la inmensa cantidad de amigos que nos
siguen y dan like a nuestras publicaciones.
Pero
la enorme suma de amigos en facebook, o cualquier otra red social, no
tiene nada que ver con la realidad. El cerebro humano está diseñado para
relacionarse con 150 personas aproximadamente, este número recibe el
nombre de número de Dunbar. 150 personas parece un número minúsculo pero
en realidad somos la especie con mayor interacción social. Dunbar
establece, que si una persona tiene 150 amigos podrá llevar una vida más
organizada pero si el número de amigos excede los 150 la persona tendrá
inconvenientes para ordenar todos los aspectos de su vida.
Ahora
bien, si tenemos en cuenta que nuestra vida social en la modernidad
está dominada por las redes sociales y el impulso consumista, podremos
comprender que la muchedumbre de amigos que tenemos lo único que está
haciendo es desordenar la manera en la que nos instauramos para afrontar
los desafíos que se nos presentan diariamente. Es por esta razón,
llevamos una vida fugaz, Zygmunt Bauman la llama una vida líquida, pues
se deshace a cada segundo y se escapa por entre nuestros dedos cuando
apenas hemos tenido la capacidad de agarrarla.
Tenemos que tener
en cuenta que el cerebro evolucionó para permitirnos organizar las
relaciones con los demás. Y la capacidad física de nuestro cerebro se
limita a 150 personas con las cuales tenemos realmente la capacidad de
interactuar y saber acerca de ellos. Estoy 100% segura que no sabes el
nombre de la mamá de tu amigo #1450 de Facebook, ese “amigo” se ha
convertido en un código que simplemente le da like a tus publicaciones
de vez en cuanto y que funciona como uno más del montón.
El
número de Dunbar es el primer secreto de la vida, a menos que nuestro
cerebro evolucione de nuevo, el límite de personas con las cuales
podemos relacionarnos verdaderamente es 150, 150 son los amigos de los
que sabes el segundo nombre, 150 son los amigos de los que sabes donde viven,
150 son los amigos de los que sabes cuál es la comida que no les gusta,
150, en definitiva, son las personas que realmente te rodean y saben
quién eres.
El segundo secreto de la vida, son las caricias, Robin Dunbar establece que hemos subestimado la importancia de acariciar. El tacto significa confianza. Las caricias transmiten la fuerza emocional de una relación, según Dunbar, se logra una idea más clara de la intención de las palabras de alguién según la manera en la que te toque. De nuevo es como si no supieramos nada acerca de nosotros mismos, nos sentimos incomodos a la hora de tocarnos físicamente y cuando una pareja se acaricia en público con frecuencia es tildada de melosa e incluso se les pide retirarse del lugar. ¿Pero por qué nos sentimos tan incomodos si las caricias son inherentes a nuestra naturalidad? Estamos realmente desentonados con nuestros rasgos de humanidad, creemos que todo podemos expresarlo con palabras cuando en realidad es el tacto la forma de comunicación más sincera e íntima. No es posible expresar verdaderamente nuestras emociones a través del lenguaje pues el lenguaje se maneja desde el hemisferio derecho del cerebro y las emociones desde el izquierdo, así que a menos de que seamos poetas, no nos olvidemos de utilizar el tacto como la herramienta más poderosa para transmitir lo que queremos decir.
Así como el cerebro tiene un límite de 150 amigos para socializar, las caricias también tienen un límite. Las caricias son realmente inefectivas cuando no se practican entre dos, es decir dejan de funcionar cuando nos encontramos en grupos. Dunbar establece que el equivalente a tacto en un grupo es la risa. Y esta es el cuarto secreto de la vida. Según el autor, la risa evolucionó cuando el tamaño de nuestros grupos empezó a aumentar más allá de lo que se podía cohesionar con el acicalamiento, la risa es el mecanismo que traslada los componentes más emocionales a las relaciones de mayor escala. Es realmente impresionante la importancia y el poder de la risa, la risa colectiva une a las personas y las hace más cercanas, entre más nos riamos con ciertas personas, más amigos vamos a ser de ellas. La risa hace más afines a las personas y hace que logremos entendernos mejor, de la misma manera es una fuente inagotable de felicidad.
El cuarto secreto de la vida es el chisme. El 65% del tiempo que conversamos, lo hacemos sobre chismes. La importancia del chisme está dada por su característica como forma de control social. Los chismes, generan modelos de conducta, patrones que le indican a la sociedad cómo interactuar. Actuan, de la misma manera, como un tipo de conciencia, pues establecen y separan las conductas buenas y las conductas malas. Según Dunbar, el chisme, nos une y nos define como grupo, nos permite en definitiva socializar.
Puede sonar cursi pero el último y más importante secreto de la vida
es indudablemente el amor. A menudo subestimamos la importancia del amor
y en la actualidad existe un gran cantidad de personas convencidas de
que el amor no sirve para nada, que es mejor estar solo que mal
acompañado, que todos los hombres son igual de perros, y que juran no
volverse a enamorar. Pero lo que ignoran es que el amor es una
característica esencial y vital de nuestra especie pues determina la
forma y la habilidad que tenemos para escuchar y comprender a los demás y
de la misma manera para comunicar nuestro punto de vista y ser
entendidos.
Según Robin Dunbar, las especies que establecen
vínculos de pareja, especialmente las que se unen para siempre, tienen
un cerebro más grande. Esto se debe, afirma el autor, a que la habilidad
para escoger una pareja por el resto de la vida y entenderse mutuamente
requiere de una gran capacidad para ver cómo es, como se siente, y cuál
es la mejor manera de comunicarse para entender conflictos.
Ahora bien, repasemos un poco la
política consumista de la modernidad; somos productos comercializados,
objetos de consumo que se venden diariamente. De la misma manera, la
sociedad de consumidores incentiva a toda costa la promiscuidad y la
poligamia, los consumidores deben vender sus cuerpos a la mayor cantidad
de personas. Una relación estable es para el consumismo una amenza pues
pone en riesgo los ideales del derroche, despilfarro y la libertad
extrema. Para el consumismo la estabilidad es la peor apuesta pues los
individuos deben cambiar constantemente los productos que consumen
cuando estos ya no satisfacen sus necesidades. Lo mismo sucede con el
amor, se debe cambiar de pareja como se cambia de ropa interior, esta es
la apuesta del mercado.
Nuestra vida está indiscutiblemente
dominada por estos ideales y por lo tanto me pregunto yo, si los
cerebros de los animales monógamos, son de tamaño mayor, entonces en la
medida en la cual nos despojemos de la idea del amor eterno y nos
entreguemos a los intereses del mercado, perderemos parte de nuestra
capacidad cerebral, o haremos, incluso, un proceso desevolutivo, sin
bien, es cierto Daniel Golemann afirma en su libro Focus: el motor oculto
de la excelencia, que nuestros rasgos de humanidad se encuentran en
peligro. Nuestra habilidad para desarrollarnos en los diferentes ámbitos
de la vida se verá perjudicada exponencialmente.
Usted en este momento debe estar
pensando, "yo no me vendo en el mercado", pero si nos
damos cuenta, las redes sociales son las vitrinas en las cuales todos
nos exhibimos, estamos allí para ser comprados y consumidos por nuestros
followers. Allí es donde recae el poder de los medios de comunicación,
pues contribuyen a reproducir o a disminuir esos ideales. Tristemente
muchos se encargan de reproducirlos. La cadena de televisión MTV es un
claro ejemplo de esto. El reality show "sixteen and pregnant" es un modo
de incentivar la promiscuidad, pues existen niñas que quedan
embarazadas solo para audicionar en el programa y aparecer en
televisión. Y este no es el único ejemplo, en Instagram una de las
tendencias con más movimiento es el #aftersex, es decir, después del
sexo, esta tendencia se intensificó cuando la cantante norteamericana,
Miley Cyrus, subio una foto después de haber tenido una relación sexual.
Las imágenes que se encuentran bajo este numeral son impresionantes, lo
que realmente hace que nos preguntemos ¡Qué clase de futuro nos espera!