¿Y si las máquinas sintieran?
La evolución del hombre se encuentra necesariamente ligada a la evolución de las tecnologías. Desde la prehistoria hasta la actualidad, la labor del hombre siempre ha sido crear nuevas herramientas que faciliten su supervivencia. Pensar en el futuro es la tarea que hicieron y hacemos todos los seres que hemos pisado la tierra. Pero en los últimos dos siglos algo ha cambiado. La tecnología tuvo un hiper-desarrollo, al igual que todas las revoluciones el mundo, la realidad, adquirió una nueva forma. Se creó una nueva perspectiva, una nueva mirada, la forma de comprender el mundo tuvo un giro de 180 grados. De repente, todo fue posible, la mente se despojó de sus limitaciones y soñó, y vivió, en grande. El más descabellado pensamiento hacía parte de las posibilidades, el futuro dejó de ser tan lejano, y el mañana era incierto, la realidad no podía concebirse en su totalidad, pues no existía la certeza de que al despertar el día siguiente el mundo seguiría igual. Tal vez al día siguiente, el hombre pisaría por primera vez la luna...
Así, fue como el mundo se hizo ilimitado, las tecnologías hicieron posible, lo imposible y pronto serían nombradas las nuevas dominadoras del mundo. Paulatinamente, nos fuimos convirtiendo en los súbditos de las diosas máquinas que día tras día nos permitían y nos prometían soñar sin limites.
El tiempo transcurrió, y así como Dios hizo el hombre a su imagen y semejanza, el hombre hizo a la máquina a su imagen y semejanza. Las computadoras se adueñaron del mercado en un abrir y cerrar de ojos y cuando menos lo pensamos adquirieron características humanas, pensaban, se movían, hablaban. Las máquinas simplemente nos superaron, todo lo que la mente y las capacidades físicas no permitiera, la computadora podía hacerlo. Pronto nos dimos cuenta que habíamos sido remplazados. Se forjó una nueva monarquía, existían computadoras reinas, y existían máquinas que seguían las órdenes de la "realeza".
Por lo tanto nos aferramos a nuestra única certeza: los sentimientos. Las emociones se convirtieron en el polo a tierra y el pensamiento de que las máquinas pudieran sentir se convirtió en el terror que mortificaba a toda la humanidad. Aun así, como buenos súbditos seguimos fabricándolas, y encontrándoles nuevos propósitos y a medida que los avances se hicieron más notorios, el miedo continuaba acrecentándose. Las películas abandonaron el miedo a los extraterrestres e instantáneamente la cartelera cinematográfica se inundó de películas en donde las máquinas dominaban al hombre y procuraban su extinción.
Hoy sabemos que las máquinas no pueden sentir, pero detengamonos un instante y planteemonos la pregunta: ¿Y si las máquinas sintieran?
Realmente, la inspiración de este blog surgió del comentario de un usuario en una página web llamada Vida extra (www.vidaextra.com). La página cuyo enfoque está centrado en la tecnología y los video juegos planteaba la misma pregunta a sus usuarios: ¿Qué pasaría si las máquinas tuvieran sentimientos? El usuario respondió:
Hoy sabemos que las máquinas no pueden sentir, pero detengamonos un instante y planteemonos la pregunta: ¿Y si las máquinas sintieran?
Realmente, la inspiración de este blog surgió del comentario de un usuario en una página web llamada Vida extra (www.vidaextra.com). La página cuyo enfoque está centrado en la tecnología y los video juegos planteaba la misma pregunta a sus usuarios: ¿Qué pasaría si las máquinas tuvieran sentimientos? El usuario respondió:
El comentario me dejó pensando. Si las máquinas sintieran, seríamos asesinos seriales de estas. La tecnología, sea la que sea, está destinada a la obsolecencia cuando un nueva máquina llega al mercado. Las primeras computadoras o bien están exhibidas en un museo, o bien están destruidas e incluso desvaratadas. Ya no tenemos memoria de cómo era el primer ipod, y estoy casi segura de que lo desechamos. Si las máquinas sintieran, existirían dos opciones, o nos dedicamos a asesinarlas, o nos enfrascamos en un atasque tecnológico del cual no podrías avanzar nunca. Por supuesto no estamos dispuestos a dejar de producir nueva y mejorada tecnología y por lo tanto asesinaríamos a las máquinas. La tan temida Tercera Guerra Mundial sucedería, el hombre contra la máquina. Y si me pongo a pensarlo bien, realmente creo que perderíamos, si toda la tecnología está en contra nuestro, no tendríamos más opción que volver a las primeras formas de guerra, y una espada jamás vencerá una bomba atómica.
Pero bueno... ¡GRACIAS AL CIELO Y A LA TIERRA LAS MÁQUINAS NO SIENTEN!

No hay comentarios:
Publicar un comentario