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lunes, 18 de agosto de 2014

Semana 3: Los daños colaterales de las redes sociales

LOS DAÑOS COLATERALES DE LAS REDES SOCIALES

Despierta, abre los ojos, ábrelos bien, no como todos los días, hoy te ruego que mires diferente. Observa el mundo que te rodea. ¿Cómo es la realidad a la que estás tan acostumbrado? Seguro abras notado detalles que antes no habías tenido en cuenta. ¿De qué color es la pared de tu cuarto? ¿De qué color es el marco de la ventana? ¿Qué forma tiene la cerradura de tu puerta? ¿Cómo está el clima? ¿Son estas las cosas que miras todos los días al despertar? Seguramente la respuesta es no, seguro lo primero que haces al despertar es tomar tu celular y con los ojos entreabiertos aun por el sueño tratas de mirar Whatsapp o Facebook o Instagram. En tus primeros segundos del día lo primero que haces es bajar la mirada e ignorar todo lo que te rodea. Mientras escribo esto tengo un sentimiento de nostalgia, porque yo también soy víctima, soy víctima del poder de las redes, del poder hipnotizador de esa realidad inventada. Yo, quien decía ser detallista y apreciar los pequeños placeres de la vida me he perdido en ese mundo paralelo inexistente. Que tristeza despertar tan de repente y darme cuenta que por culpa de mi adicción a las redes he dejado de ser yo. De tanto mirar para abajo, escribiendo por el celular, ahora conozco más la punta de mis zapatos que los colores del cielo. He ignorado el mundo y me he ignorado a mí. Por eso he decido tomar nuevamente las riendas de mi vida, y a través de este texto, querido lector, espero inspirarte para que tu también puedas despertar y puedas empezar a vivir más en tu mundo y no en el mundo catastrófico y caótico en el que las redes nos ahogan. 

El siglo XXI es el siglo de la dictadura de las redes, el imperio de los medios de comunicación engendró en las nuevas redes sociales la capacidad de dominar las mentes de la humanidad. Pero ¿de donde surgió tanto poder? ¿cómo es que simplemente nos dominaron y nos aplastaron sin que tuviéramos la mínima idea de ello? La respuesta es simple, las redes “sociales“ nos prometieron la posibilidad de crear nuevos mundos, de vivir realidades inexistentes, de convertirnos en nuestra versión mejorada y allí nos perdimos, nos fuimos desvaneciendo poco a poco, nos fuimos esfumando de nuestra propia alma, y así invertimos más en una identidad falsa, en una identidad virtual, que en nuestra propia identidad, lastimosamente nos consumimos, nos apagamos, nos extinguimos. Quisimos desconectarnos de nuestra realidad y así lo hicimos, y allí, en el otro mundo nos fundimos. 

Por eso he decidió escribir sobre lo que he llamado los daños colaterales de las redes, porque solo así, solo demostrando cuanto daño nos hemos hecho, podremos despertar y darnos cuenta del riesgo de vida que estamos asumiendo. 

El primer y en mí opinión el más importante de los daños es la perdida de atención. Hace ya varios años, recuerdo estar parada en la acera de una avenida esperando el momento adecuado para cruzar la calle. Y mientras esperaba vi a una mujer al otro lado de la calle chateando en su celular, venía caminando hacia la avenida y deseaba cruzarla al igual que yo, pero ella estaba tan inmersa en la realidad de su celular que no miró, ni siquiera paró para esperar que los carros dejaran de pasar, y siguió caminando, puso un pie en la avenida y cuando el señor que se encontraba a su lado se dio cuenta que la iban a atropellar la jaló y la puso devuelta en el anden. Lo más grave fue que ella ni siquiera se inmutó, siguió chateando y ni siquiera agradeció a su salvador; estaba tan alienada que continuo mirando su celular y solo espero hasta el momento en el que todos cruzamos. Aquel día quedé perpleja, aquella mujer ni siquiera se dio cuenta de que casi pierde su vida por estar hablando por whatsapp, aún hoy no sabe del riesgo que corrió, y jamás lo sabrá porque para ella, nunca lo vivió.

Daniel Goleman se dedicó a escribir sobre el fenómeno de la atención en su libro “Focus: el motor oculto de la excelencia“ y fue también gracias a este libro que me di cuenta de la gravedad del asunto. Nunca imaginé que la perdida de atención que nos provocan las redes sociales tendría tantas repercusiones y que estas nos influyeran tanto en el ámbito personal. La atención, está directamente relacionada con el razonamiento, la memoria, el aprendizaje, la percepción, los sentimientos y las emociones. Asimismo, nuestra atención determina nuestras intuiciones, nuestros valores y decisiones, así como nuestras relaciones interpersonales y la manera en la que enfrentamos nuestro mundo. En otras palabras, la atención atraviesa transversalmente toda nuestra vida. Pero ¿qué pasa si ponemos toda nuestra atención en la lucecita hipnotizadora de la pantalla del celular? Yoda respondió muy bien a esta pregunta en la Guerra de las Galaxias, dijo: “Tu enfoque determina tu realidad“. Si nuestro enfoque se encuentra volcado únicamente a la realidad que hemos construido en las redes sociales, esa, por lo tanto, será nuestra realidad. Y la realidad real (aunque esto sea un pleonasmo, para mí, ahora en el 2014 se ha vuelto válido, pues hay dos realidades, una real y una ficticia) ha sido olvidada. Y cuando nos vemos forzados a recordarla porque ya se ha vuelto tan caótica que es imposible ignorarla, tenemos el descaro de preguntarnos ¿por qué me pasa esto a mí? 

Nuestra falta de atención en el mundo real provoca que nuestros rasgos de humanidad estén en vía de extinción. Las herramientas que hemos ganado para poder enfrentar nuestra vida, las estamos perdiendo. El segundo daño colateral de las redes sociales es la inhabilidad para manejar nuestras emociones, este está también relacionado con la atención. La concentración nos exige desconectarnos de las distracciones emocionales; una persona con buena concentración tiene la habilidad de controlar mejor sus emociones, permanecer serena ante una crisis, salir adelante y recuperarse. Hace poco me pregunté porque no estaba pudiendo manejar muy bien mis reacciones ante conflictos emocionales, hoy sé la respuesta, y no puedo creer que todo provenga de la misma causa. Nuestra vida emocional se vuelve un caos cuando la dejamos a un lado y le ponemos atención a nuestra vida virtual que evidentemente de nada sirve, de nada nos sirve tratar de ser otros virtualmente cuando no hacemos nada por serlo en nuestra verdadera realidad. Y así es como se va desmoronando nuestro mundo, jamás hemos sido seres realmente racionales, siempre nos hemos dejado llevar por nuestras emociones, y cuando nuestra vida emocional se derrumba, mientras estemos adictos a las redes jamás vamos a poder ponernos en pie otra vez. Hoy entendí el riesgo que representan las redes sociales, esta adicción mía realmente me puede llevar a la quiebra en mi vida emocional, y mientras he estado escribiendo este texto, he estado realmente concentrada, porque estoy impactada, impactada del daño que me he hecho. 

Se ha comprobado que la adicción a las redes sociales causa trastorno por deficit de atención, depresión e incluso trastornos obsesivo compulsivos. ¿Hacía donde vamos? ¿Hacía donde se dirige esta sociedad de consumidores del siglo XXI? ¿Es ese nuestro prometedor futuro? Quizás, en las próximas generaciones todos sufrirán de falta de atención, depresión y trastornos obsesivo compulsivos. Pero yo me niego a sufrir de eso y me niego a destruir mi vida emocional que es al fin y al cabo lo que más me importa. Mi salud emocional es ahora mi prioridad número uno. Así que la próxima vez que te preguntes, querido lector, la razón por la cual eres un desastre emocional, piensa qué tanto le has invertido a tu vida real y qué tanto tiempo le has invertido a ser otro que no eres, qué tanto tiempo le has invertido a tu falsa identidad.

El tercer daño colateral de las redes sociales es la destrucción de las redes de aprendizaje. Siempre he sido muy buena lectora pero últimamente desde que comenzó mi adicción a las redes me es imposible leer más de 5 páginas seguidas, pues si tengo mi celular al lado, un impulso incontrolable me invade y me toca mirarlo. Me he dado cuenta que ahora leo fragmentariamente como si una pagina no tuviera nada que ver con la otra, puedo leer una página, dejar de poner atención, leer otra, y olvidar de que hablaba la anterior, y así sucesivamente, como si las páginas del libro fueran independientes. ¡Qué estupidez más grande! y después cuando intento unir las páginas y me pregunto de qué trato el libro, tan solo esa simple pregunta se convierte en una tarea titánica, pues encontrar la respuesta significa tratar de unir páginas que leí por separado, siempre olvidando de lo que trataba la anterior. ¡Qué tristeza Dios mío! Cuando antes podía leer y leer sin parar y me gozaba cada una de las páginas. Hoy ruego e imploro que haya una vuelta atrás, porque de verdad extraño mi pasión por la lectura. 

Y así, el aprendizaje ha sido remplazado por el olvido. Cuando estamos atentos a algo, ya sea a una clase o a un libro, nuestra mente crea redes de aprendizaje que enlazan nuestros conocimientos previos con el conocimiento nuevo, y de esta forma nuestro conocimiento es más completo, podemos hacer alusiones y comparaciones y podemos complementar los saberes para crear nuevos conocimientos. Las redes de aprendizaje determinan nuestra perspectiva del mundo y nuestro punto de vista frente a todo nuestro saber. Por eso, desde hoy he decidido estudiar alejada de mi celular y apagarlo mientras estudio, porque me niego, de nuevo, a tener un conocimiento fragmentado, un conocimiento incapaz de hacer alusiones y relaciones, incapaz de analizar y de crear. Me niego a aceptar el olvido como la única alternativa. 

Thomas Hylland Eriksen afirma en su libro “La tiranía del momento: el tiempo rápido y lento en la era de la información“ que “hay claros indicios de que estamos a punto de crear una sociedad en la que resultará prácticamente imposible tener un pensamiento de más de dos pulgadas“. Yo creo que lo descrito por el autor ya es una realidad tangible y que gracias al bombardeo de las redes nuestra mente y nuestros pensamientos son un caos sin orden. 

Estoy verdaderamente perpleja de la forma en la que nos hemos autodestruido. Hoy quiero invitarlos a abrir los ojos, quiero que despertemos juntos y miremos el mundo con ojos de niños, ojos sedientos por aprender, entender y observar nuestra verdadera realidad. Jamás olvidaré este día en el que desperté, hoy oficialmente me declaro en rehabilitación de las redes sociales. Espero, querido lector, haber llegado a lo más profundo de tu alma y espero que, así como yo, desde hoy empieces a reencontrarte con tu verdadero ser, con el que dejaste a un lado y has ignorado todo este tiempo, te invito a que después de terminar de leer este texto, apagues el computador, o tu celular, o donde sea que estés leyendo esto, y salgas y respires aire libre, y roces tu piel con las yemas de tus dedos, y sientas; y te invito también a besar a quien más amas, y a comprender desde lo más profundo de tu corazón que en la realidad real estás acompañado y que en la realidad virtual estás completamente solo.


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